jueves, 17 de abril de 2014

El polvo mágico de los ancianos.


Moises delcid.


La nana con su escoba barre recuerdos, los cuales están desparramados por toda su casa. Con soltura y cadencia, por tanta experiencia de vida, rejunta todo en un gran montículo.  Sin desperdiciar tiempo, porque tiempo le queda poco,  lo saca al patio y con una chispa de resignación enciende una hoguera. La nana ve como su vida se convierte en cenizas, cenizas que volaran por el mundo, que abonaran la tierra. Es así como se forma el polvo mágico de los ancianos.


La nana tiene un gran jardín, en el cual siembra semillas de fabula. En su pequeño edén la nana se afana en las tardes, tardes con sabor a café.  Flores de juventud, plantas de verde esperanza. Se escuchan trinos, son aves que llegan al festín de granos que la nana arroja al suelo. Querubines emplumados.


La nana tiene riqueza de  amor, porque amor lo tiene de sobra y lo reparte a manos llenas. De sus manos esparce como semillas a las aves granos de amor, granos de cariño y una sonrisa sincera.



Pienso que la nana se convertirá en estrella. Esa que aparece al comenzar la tarde, y entonces con su escoba barrera mi tristeza al contemplarla y de su mano esparcirá bendiciones. 

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